miércoles, 6 de junio de 2012

Confieso que he vivido


(...) El poeta que no sea realista va muerto. Pero el poeta que sea solo realista va muerto también. El poeta que sea solo irracional será entendido solo por su persona y por su amada, y esto es bastante triste. El poeta que sea solo un racionalista, será entendido hasta por los asnos, y esto es también sumamente triste. Para tales ecuaciones no hay cifras en el tablero, no hay ingredientes decretados por dios ni por el diablo, sino que estos dos personajes importantísimos mantienen una lucha dentro de la poesía, y en esta batalla vence uno y vence otro, pero la poesía no puede quedar derrotada.

Es claro que el oficio del poeta esta siendo un tanto abusado. Salen tantos poetas noveles e incipientes poetisas, que pronto pareceremos todos poetas, desapareciendo los lectores. A los lectores tendremos que ir a buscarlos en expediciones que atravesaran los arenales en camellos o circularan por el cielo en astrobuques.

La inclinación profunda del hombre es la poesía y de ella salió la liturgia, los salmos y también el contenido de las religiones. El poeta se atrevió con los fenómenos de la naturaleza y en las primeras edades se titulo sacerdote para preservar su vocación. De ahí que, en la época moderna, el poeta, para defender su poesía, tome la investidura que le dan la calle y las masas. El poeta civil de hoy sigue siendo el del mas antiguo sacerdocio. Antes pacto con las tinieblas y ahora debe interpretar la luz.

Pablo Neruda, del libro de memorias "Confieso que he vivido"