lunes, 7 de mayo de 2012

PARAO

No son buenos tiempos para la poesía.

Hace poco un amigo promotor cultural me decía que yo era un gestor demasiado silvestre.

Certifico sus palabras, soy un silvestre, paleolítico y orgullosamente canalla.

Utilizo el termino canalla porque históricamente también significa muchedumbre, vulgo, bien de abajo.

Y descubrí que soy bien de abajo el día que Susana Villarán visito el parque zonal donde trabajo.

En un lado estaba la Alcaldesa, su sequito de Funcionarios, Gerentes y Administradores.

En el otro los Jóvenes Artistas.

Al final de la ceremonia caí en cuenta que todo el tiempo estuve en el lado de los que nunca tendrán poder.

No extrañe la consabida foto con Villarán (que era mi casi derecho).

No son buenos tiempos para la poesía.

Como parte de la canallada, como trabajador cultural de campo que ha chupado sol toda su vida, volveré a reiterar lo que vengo repitiendo hace casi un lustro acerca del panorama cultural en el Perú.

El problema aquí no es la falta de proyectos, programas, planes, políticas culturales.

Podríamos empapelar el cielo plomizo de Lima con Programas culturales.

El problema aquí es quien aplica esos planes, quien los sostiene, quien los garantiza, a quien confiamos el derrotero cultural.

El problema aquí es la idiosincrasia del hombre cultural. Lo que lo mueve, lo que lo anima, lo que persigue. De que pie renguea.

Y la refrita historia de la promoción cultural en el Perú vuelve otra vez.

Entonces la gestión cultural en el Perú es : El show de la manchita, un te de tías, una peña del carajo.

No son buenos tiempos para la poesía, pero aun sigo “Parao”.



Hay quien ve la luz al final de su tunel
Y construye un nuevo tunel, pa´ no ver,
Y se queda entre lo oscuro, y se consume,
Lamentando lo que nunca llegó a ser.
Yo no fui el mejor ejemplo y te lo admito,
Fácil es juzgar la noche al otro día;
Pero fui sincero, y éso sí lo grito,
Que yo nunca he hipotecado al alma mía!
Si yo he vivido parao, ay que me entierren parao;
Si pagué el precio que paga el que no vive arrodillao!
La vida me ha restregao, pero jamás me ha planchao.
En la buena y en la mala, voy con los dientes pelaos!
Sonriendo y de pie: siempre parao!

Las desgracias hacen fuerte al sentimiento
Si asimila cada golpe que ha aguantao.
La memoria se convierte en un sustento,
Celebrando cada rio que se ha cruzao.
Me pregunto, cómo puede creerse vivo,
El que existe pa´ culpar a los demás?
Que se calle y que se salga del camino,
Y que deje al resto del mundo caminar!
A mí me entierran parao.
Ay, que me entierren parao!
Ahí te dejo mi sonrisa y todo lo que me han quitao.
Lo que perdí no he llorao, si yo he vivido sobrao,
Dando gracias por las cosas
Que en la ruta me he encontrao.
Sumo y resto en carne propia,
De mi conciencia abrazao.
Parao! aunque me haya equivocao,

Aunque me hayan señalao,
Parao! en agua de luna mojao,
Disfrutando la memoria de los rios que he cruzao,
Aunque casi me haya ahogao, sigo parao!

Parao!