lunes, 9 de enero de 2012

Un poeta perfectamente inútil que defendió la poesía útil

En breves minutos tengo que escribir una presentación para un poemario. Es casi las 11 de la noche, así que urgentemente busco de agenciarme un poco de inspiración. Leo un texto de Juan Gonzalo Rose y de repente se me ocurre buscar a Gonzalo Escarpa y su cojonudo programa “Todo es poesía menos la poesía”. Y es entonces que me topo con el capitulo 10 de esta serie y conozco a Ángel Guinda. Creo que encontré la sintonía, la frecuencia para escribir mi presentación. Ahora, de que vaya a salir bien, ese es ya otro tema. El poemario al cual aludo lo podrán tener físicamente a partir del Viernes 13.

Ángel Guinda

Quizá Ángel Guinda y Leopoldo María Panero, nacidos ambos en 1948, sean los máximos exponentes de una generación y un estilo de hacer poesía. La generación del malditismo, como la han denominado algunos. Hoy, en el programa dirigido y presentado por Gonzalo Escarpa, contamos con uno de ellos, Ángel Guinda, autor del manifiesto Poesía Útil.

Ángel Guinda es un autor polivalente que ha trabajado distintos géneros literarios; desde la publicación de artículos en revistas y periódicos, al ensayo, pasando por la traducción. Incluso, aunque sólo sea destacable a nivel anecdótico, es coautor del himno de Aragón. Pero, sin duda, su faceta más conocida es la de poeta.

Ángel llego a la poesía por un camino trágico, la muerte de su madre. "La muerte de mi madre es la madre de mi vida, muerta", nos recuerda.

En su manifiesto Poesía Útil, Ángel Guinda reivindica una poesía que le sirva al ser humano para sobrevivir y que no sólo sea objeto de belleza. En sus propias palabras, una poesía que sirva al ser humano moralmente para vivir, estéticamente para gozar, y culturalmente, para ensanchar y afianzar su saber. La idea que defiende como creador es que un poema no es nada si no hace vida en nadie.

Habitualmente el programa Todo es poesía menos la poesía nos acerca a la poesía desde otros puntos de vista que no son el propio texto. En este caso, no es así. Ángel Guinda es un poeta que trabaja desde el texto. ¿Por qué entonces su incursión y su inclusión en este espacio? Simplemente porque Ángel Guinda nos propone una poesía que trasgrede en su concepto.



Manifiesto Poesía Útil

Cansados, aburridos, decepcionados de la poesía que se escribe en la España de fin de siglo XX (con el justo respeto a las contadas excepciones redentoras), por instinto de resurrección poética decimos No. No queremos una poesía domada por las tendencias dominantes. Queremos una poesía en estado salvaje, libre. No queremos una poesía aséptica, de sonsonete, mimética. No queremos poemas de tubo de ensayo, ni poemas lúdicos que camuflan la trampa. No queremos una poesía profesoral escrita por doctos iniciados para los elegidos de la secta. Arremetemos contra la abulia, contra el sopor, contra la palabrería, contra el ombliguismo lingüístico, en un mundo que se descompone por la carcoma de su incapacidad para penar y repeler la agresión de la Gran Anestesia. Rechazamos la poesía elaborada para obligar al lector a estudiar el diccionario, la poesía personalista de valor terapéutico exclusivo para su autor, la poesía de banalismo y la frivolidad en el tratamiento de los sentimientos y de las emociones. Abajo la poesía de hueco alarde ingenioso, voz impostada y palabra estéril.

Propugnamos una poesía heredera de la tradición mejor asimilada, abierta a caminos nuevos en la forma y en los temas. Una poesía sencilla, clara, rotunda, directa, honda, intensa y grave, cargada de intención. Que atraviese la inteligencia, queme en los ojos y en los oídos, estrangule el corazón, produzca escalofrío en el conocimiento y fustigue la conciencia agitándola, haciéndola reaccionar, moviéndola a la reflexión y a la acción. Una poesía habitable, testimonio radicalmente sincero de la experiencia vital e intelectual, de nuestra convivencia con la realidad del existir y con la idea de la muerte. Defendemos una poesía útil que, además de objeto de belleza, sea sujeto de conducta. Que sirva al ser humano: moralmente, para vivir; culturalmente, para ensanchar y afianzar su saber; y estéticamente para gozar. Una poesía que tenga los pies en las nubes pero la cabeza en la tierra, comprometida con el destino de las mujeres y hombres de su tiempo. Que busque elevar el lenguaje coloquial a la categoría de lenguaje poético, y consiga que la verdad particular de su mensaje alcance validez universal. A esta poesía (firme en su poder de insinuación y de sorpresa) conviene una mínima dosis de didactismo que haga eficaz su interés por regenerar los valores del espíritu y del arte, así como su afán rehabilitador de la imaginación, la voluntad, la sensibilidad y la razón crítica de unos lectores cuya recuperación hemos de demostrar sin otras armas que la propia obra.