viernes, 13 de enero de 2012

Apuntes hacia una Poética


El arte está a mitad de camino entre la rebelión y la revelación.

El arte hace mejor al ser humano, por ello el ser humano ha de mejorar el arte.

El artista debe rajar el espacio para ver más allá.

El arte ayuda a sobrevivir.

Lejos de obsesionarse con la cultura, el artista debe convertir en cultura sus propias obsesiones.

En arte, hacer es deshacerse, destruir es crear.

El creador debe desubicarse, ser un desinstalado.

No tenga el creador más compromiso que la independencia de su creación. En boca alguna como en la suya suena mejor ni más hermosa la palabra no.

Tradición es herencia.

La tradición enriquece más a quien mejor sabe asimilarla.

La originalidad consiste en el reconocimiento de los propios orígenes.

Se inventa lo que se conoce.

La belleza es siempre una aparición.

La palabra es un ser vivo.

La palabra es la casa de las cosas.

Ser palabra como ser humano.

Las palabras son semillas cargadas con el silencio de los mundos.

Si tienes una palabra ya tienes un mundo, pero tienes también infinidad de mundos en cada palabra que no tienes.

En una época enferma la palabra debe hacerse hospital.

Se canta con la exaltación del silencio interior.

Hacer vida la palabra.

Hacer palabra la vida.

La palabra destinada a permanecer llega tarde respecto a su hoy y acaso pronto respecto a su mañana.

La palabra condenada a permanecer oyó a tiempo, y en vida de quien la pronunció, el fragor del silencio como un éxito suave celebrado a solas.

Escribir es cribar.

Callar la forma con el fondo exacto.

Escribir como se vive.

Escribir como se es.

Escribir lo necesario.

Escribir es reconocerse en lo desconocido.

Escribo contra la realidad, no sobre ella.

Escribo para exorcizarme.

Convertir la realidad en sueño.

No escribo porque no me leo.

En un país en el que se lee con las orejas lo mejor es escribir a dentelladas.

Cuanto no es destrucción, obstruye.

La creación poética es un acto de destrucción.

Construir destruyendo.

Pues crear es creer, ya sé por qué destruyo.

La poesía es Palabra sin apenas palabras.

El mundo cabe en la palabra mundo.

La poesía es palabra de música.

La palabra poética es el eco de un monólogo; el silencio: la corporeidad de la palabra en soledad.

El fondo de la forma: Poesía.

La poesía es una pregunta a todas las respuestas.

La poesía se escribe con palabras, sí; pero las palabras se escriben con ideas, las ideas se escriben con vida, la vida es escribe contra la muerte.

La poesía es la tumba del poeta.

La poesía me sale de afuera, tras un proceso de metabolismo implosivo.

Antropoema: poema cuyo tema es un caso humano.

El poema soy yo fuera de mí, el mundo que me invade haciéndome estallar.

Ser poeta no es una profesión. Ser poeta es una posesión.

El poeta es un desterrado del mundo en la palabra.

El poeta es un ciego iluminado.

El poeta ve voces.

La sombra del asombro.

El poeta -ese hijo inadaptado el mundo, cuya verdad las bestias nunca escuchan- lleva en sus pies las nubes, un abismo en su frente, y oye siempre otros pasos. Cerca está de nosotros, pero es inalcanzable: condenado a ir más lejos aún que la lejanía.

El poeta sólo está solo.

El poeta no debe recluirse en sí mismo como en un laboratorio para elaborar su obra. Desde la vida, y desde su tiempo y contratiempos, ha de hacer, con la mayor naturalidad ética y estética, de su obra un laboratorio.

Ser un poeta puro que sigue escribiendo poesía impura.

La inspiración, ese trallazo de luz en las tinieblas de la inteligencia.

Todo retrato es una descripción; cada autorretrato, una confesión.

Escribo para no morir; sin embargo, me quito la vida en todo lo que escribo.
Leo para engañarme. Escribo para decirme la verdad. Mas la verdad y la mentira no existen. Leo y escribo para no existir.

Tengo miedo a leer, tengo miedo a escribir. Las palabras aparecen para desaparecerme.

Soportable es una vida sin poesía, la poesía sin vida me es insoportable.

No es misión de un poeta lírico transformar el mundo sino poetizarlo.

Poesía útil: objeto de belleza y sujeto de conducta.

Mi poesía es un testimonio de la convivencia del ser humano con la muerte.

¿Toda retractación es un suicidio?

En cada retractación yo me retrato.

(Defensa del derecho a retractarse). Traidores estudiosos y críticos infieles; si, en beneficio propio, exhumáis del olvido las obras que sus autores rechazaron, caiga sobre vosotros la maldición de sus espíritus.

Creamos a fuerza de aniquilaciones.

La creación de mi obra es la obra en destrucción.

Una obra que no muera cuesta una vida.

Cuando está de moda la moda, los clásicos son la resistencia.

Todo escritor hace una obra, pero hay obras que deshacen a su autor.

Cuando aún no escribía, pensé que viviría de mis versos. Ahora sé que moriré de ellos.

Crear una obra, construir un mundo, a pesar de todo lo leído, de todos los mundos destruidos.

Unos escriben para matar, otros para no morir. Máscara del dolor es la memoria. Se escribe porque se recuerda. Hay quien escribe para olvidar, y quien lo hace para reconstruir el mundo. Únicamente los elegidos se destruyen en su propia creación.

La diferencia entre el creador que ha de quedar y el que no quedará está en que aquél ya se ha ido, en tanto que éste necesita afirmar su presencia.

No me importa que me olviden, porque yo no me olvido.

Por el bien de tu obra, líbrate de la fama y del éxito.

El triunfo te ayuda a ser un poco más imbécil. El fracaso te enseña a resistir, que es el grado sublime de la existencia.

No te obstines en perseguir el éxito fácil, la fama perecedera. Sé exigente en todo aquello que ha de sobrevivirte, representándote.

Va todo tan deprisa. Ve muy despacio tú, si aspiras a quedar.

No pretendas que conozcan tu obra y te conozcan. Consigue reconocerte en ella, aunque no la conozcan los demás, aunque te desconozcan.

No escribo porque no me leo.

La gloria no se mendiga ni se conquista, se alcanza.

Que la lectura eclipse a la leyenda.


Ángel Guinda