miércoles, 20 de julio de 2011

Salvador Allende : El Hombre de la Paz

El presidente constitucional de Chile, Salvador Allende, se suicidó el 11 de septiembre de 1973, antes que entregarse a los militares golpistas que bombardeaban el palacio de la Moneda. Así lo ha dejado establecido, por fin de manera oficial, el equipo forense que se ha encargado de examinar sus restos y proporcionar una versión formal de lo ocurrido. El informe pericial, que confirma la versión más extendida, fue hecho público ayer en Santiago de Chile por la propia hija del presidente, la senadora socialista Isabel Allende.

El médico forense español Francisco Etxeberría, que participó en la nueva autopsia, manifestó a El PAÍS: "Con base en argumentos técnicos y científicos podemos asegurar que la muerte del presidente Salvador Allende se produjo como consecuencia directa de un disparo realizado bajo el mentón que le produjo la destrucción de la cabeza y la muerte inmediata, lo que interpretamos como suicida desde la perspectiva forense".

El cuerpo de Salvador Allende fue exhumado el pasado 23 de mayo en el Cementerio General de Santiago de Chile por orden del juez Mario Carroza, que investiga las circunstancias exactas de 726 casos de personas muertas o desaparecidas a raíz del golpe de Estado del general Augusto Pinochet aun no aclaradas de manera fehaciente. El examen de los restos de Allende fue encargado a un equipo de 12 forenses, siete chilenos y cinco extranjeros, entre ellos el experto español.

La decisión de proceder a la exhumación del cuerpo del presidente chileno se debió a las dudas que planteó un informe realizado en 2008, según el cual el cuerpo de Allende podía presentar dos disparos, lo que dejaba abierta la posibilidad de que hubiera sido asesinado por los militares o asistido en un suicidio fallido. Etxeberría ha confirmado que, según este nuevo y definitivo examen, no existe más que una herida, lo que confirma la versión del suicidio, mantenida por uno de los médicos personales del presidente, Óscar Soto Guzmán. Según su relato, publicado en 1998, Soto vio a Salvador Allende minutos antes de que se dispara un tiro y otro médico, Patricio Guijón, que entró instantes después en la misma sala, encontró al presidente sentado en un sillón y muerto. "La caja craneana ha estallado", le dijo.

El doctor Etxeberría aseguró que el grupo forense que realizó el examen, a petición de las actuales autoridades chilenas y de acuerdo con los familiares del presidente, contó con todos los medios necesarios para poder realizar su labor. "Además se nos autorizó el acceso a toda la documentación que se ha generado en este tema, incluyendo la instrucción realizada por la Fiscalía Militar en 1973", precisó.

El golpe de Estado y la muerte de Allende, protagonista del primer intento en América Latina de que un gobierno de Unidad Popular, formado por partidos de izquierda y de centro izquierda, incluido el Partido Comunista de Chile, alcanzara, y ejerciera el poder, a través de una victoria en las urnas, tuvo un formidable impacto internacional y marcó el inicio de una las épocas mas negras de la historia latinoamericana.

Aclaradas formalmente las circunstancias de la muerte del presidente Allende, Chile tiene aún que resolver otros dos casos que siguen rodeados por las sombras: el probable envenenamiento del ex presidente demócrata cristiano Eduardo Frei Montalva, que murió en 1982, a los 71 años, cuando se encontraba internado en una clínica privada de Santiago, y el fallecimiento, 12 días después del golpe de Estado de 1973, del poeta y Premio Nobel Pablo Neruda, atribuida hasta ahora a un cáncer avanzado, pero sobre el que también han surgido algunas sospechas en los últimos años.

Fuente : El País


PARA MATAR AL HOMBRE DE LA PAZ

Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques,
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama,
porque el hombre de la paz era una fortaleza.

Para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia,
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar mas para seguir matando,
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza,

Para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa,
una armada, una hueste, una brigada,
tuvieron que creer que era otro ejercito,
pero el hombre de la paz era tan solo un pueblo
y tenia en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios mas tanques mas rencores
mas bombas mas aviones mas oprobios
porque el hombre de la paz era una fortaleza

Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse siempre a la muerte
matar y matar mas para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad,
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo.

Mario Benedetti



Qué soledad tan sola te inundaba
en el momento en que tus personales
amigos de la vida y de la muerte
te rodeaban.

Qué manera de alzarse en un abrazo
el odio, la traición, la muerte, el lodo;
lo que constituyó tu pensamiento
ha muerto todo.

Qué vida quemada,
qué esperanza muerta,
qué vuelta a la nada,
qué fin.

Un cielo partido, una estrella rota,
rodaban por dentro de ti.
Llegó este momento, no hay más nada
te viste empuñando un fusil.

Volaba,
lejos tu pensamiento,
justo hacia el tiempo
de mensajes, de lealtades, de hacer.

Quedaba,
darse todo al ejemplo,
y en poco tiempo
una nueva estrella armada
hacer.

Qué manera de quedarse tan grabada
tu figura ordenando nacer,
los que te vieron u oyeron decir
ya no te olvidan.

Lindaste con Dos Ríos y Ayacucho,
como un libertador en Chacabuco,
los Andes que miraron crecerte
te simbolizan.

Partías el aire, saltaban las piedras,
surgías perfecto de allí.
Jamás un pensamiento de pluma y palabra
devino en tan fuerte adalid.
Cesó por un momento la existencia,
morías comenzando a vivir.

(1973)