martes, 19 de abril de 2011

El Verdadero Apestoso



Recientemente conocí el termino Xenofilia. Si Xenofobia es la aversión por todo lo extranjero, Xenofilia es su opuesto. Esta filia es la predilección, adicción, sumisión por todo lo venido de las afueras. El fenómeno PPK en su esencia es parecido a lo sucedido en los principios de los 90 con Fujimori. Hastiados de los dirigentes nacionales, solo la disciplina, el orden y la pujanza oriental nos podía sacar del atolladero : El Chinito Fujimori Fujimori. En abril del 2011 volvimos a reincidir en esta tara nacional. Solo el gringo, del primer mundo, desarrollado, capitalista, nos podía ascender en un par de patadas al estatus de potencia emergente mundial.

Si realizáramos un referéndum en el país, para saber quienes optan porque Perú fuera un estado mas de los estados unidos, se que el resultado seria sorprendente y espeluznante. Todos esos jovencitos que ya no escuchan porque sus oídos se mantienen ocupados con el audifono del ipod, votarían por ser una estrellita mas en la bandera de aquel país que se apodero de un termino que nos pertenece a todos : americano.

Xenofilia jóvenes ilustres, si no nos dejan entrar a los estados unidos, ¿porque mejor no traemos los estados unidos para aca?. Eso es el fenomeno PPK.

Toda condición humana merece nuestro respeto y compasión, pero sinceramente preferiría amanecer desnudo y ebrio, revolcado en mis propios vomitos, y fotografiado por toda la prensa plana, antes que verme con ese bien maquinado y marketero polito con colores chichas y gritando "uhuhuuh...PPK confiamos en ti".

Mejor dejemos al maestro Giacosa para que nos abra el cerebelo, y nos condense en pocas lineas el porque el verdadero apestoso aquí es PPK y el modelo de sistema que defiende.

PPK, la nueva estrella de Belén

Dedico esta nota a PPK de quien predije, hace varios meses, que tenía más posibilidades de ser reina en Inglaterra que presidente en el Perú y que actualmente parece computarse la Estrella de Belén y siente que su destino es guiar a los candidatos a la Presidencia al pesebre donde se adora una versión deshumanizada del libre mercado. Exige ofrendas que no dañen a tan preciosa criatura, ni ofenda a su dios que habita en el lejano norte, aunque manchen las manos de quienes las depositan.

Imposible negar que los países desarrollados, en cuyo espejo deberíamos mirarnos, andan a los tumbos, destrozando la naturaleza, bombardeando Libia, destruyendo Afganistán, pulverizando Irak, amenazando a Irán, creando centrales nucleares en la zona más sísmica del planeta, vendiendo armas a diestra y siniestra, manteniendo bases militares en todo el orbe, conservando cárceles secretas y ocultando los vuelos que les llevan las nuevas víctimas. O bien reduciendo sus presupuestos en salud pública, trabajo, educación y medio ambiente, soportando cientos de millones de desocupados, con más gente viviendo en la calle o de la caridad de lo que jamás podríamos imaginar. Mientras tanto nos cuentan que ese modelo de desarrollo es exitoso. Seguramente lo fue hasta hace unos años cuando el poder político podía mandar o regular el poder económico. Hoy el modelo, llevado a extremos por sus mayores beneficiarios, está desbarrancando.

Grecia, Irlanda, Islandia, Portugal, España e incluso los Estados Unidos, donde su inmensa riqueza y su poderío bélico permiten aún disfrazar la situación, son un ejemplo de esa crisis.

La acumulación de riquezas en pocas manos ha vuelto inviable esta versión del desarrollo. A su interior la distribución más justa de la riqueza es una utopía. El estatismo no es la respuesta, pero si lo es un poder político con capacidad regulatoria que elimine la corrupción que el modelo genera y abra perspectivas de crecimiento y mejora a los sectores que hasta hoy han sido invisibles para el esquema planteado.

Guillermo Giacosa