jueves, 9 de diciembre de 2010

Interesantes Respuestas al Discurso de Mario Vargas Llosa

Nobel: discursos distantes

Por César Lévano
(Periodista y Escritor)

El discurso de Mario Vargas Llosa en la recepción del Nobel Literatura suscita el recuerdo de otro discurso: el de Gabriel García Márquez cuando recibió el Nobel 1982.

El discurso de Vargas Llosa es ante todo autobiográfico y tiene como eje la pasión por la literatura y por lo que él llama “la democracia liberal”. Elogio de la lectura y la ficción es su título. El de García Márquez lleva bien puesto su nombre: La soledad de América Latina.

El Colombiano trazó, con elocuencia, con pasión, en una época de crueles dictaduras, un grabado al aguafuerte continental. “Los desaparecidos por motivo de la represión”, dijo entonces, “son casi 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encinta dieron a luz en cárceles Argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el diez por ciento de su población.”

“Me atrevo a pensar”, prosiguió, “que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras.”

El maestro Colombiano concluyó diseñando una utopía: “Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.”

En su discurso de esta semana, Vargas Llosa se muestra satisfecho con la democracia latinoamericana, a la cual atribuye “el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos”. El autor de Conversación en la catedral no ve la negación de esos valores en el Perú, Colombia o México. No lo hieren, al parecer, el espectáculo de la miseria de millones de peruanos ni la corrupción política.

Leía en estos días el libro de ensayos Imaginary Homelands (Hogares imaginarios) de Salman Rushdie, el escritor que sabe de intolerancia, como que ésta lo amenaza de muerte. Allí hay una valoración crítica de García Márquez y de Vargas Llosa. Del primero recuerda que Cien años de soledad vendió cuatro millones de ejemplares en sus primeros 15 años y que Pinochet mandó quemar 15 mil copias de otro libro de Gabo.

Rushdie señala en Vargas Llosa cierta propensión a la intolerancia. En La historia de Mayta, escribe, “los izquierdistas son sin excepción fanáticos, débiles, románticos incurables, escritorzuelos del partido, ideólogos estrechos, estúpidos u oportunistas”. El emotivo discurso de Vargas Llosa en Estocolmo trasunta esa inclinación.

DISCURSO de VARGAS LLOSA
a la hora del NOBEL: una extraña familiaridad


Por Juan Luis Dammert
(Cantautor)

Esperaba algo mejor de Vargas Llosa, que tan claras y brillantes páginas produce a veces, pero el discurso que se leyó con motivo de su Nobel 2010 no estuvo a la altura de la ocasión. He tenido que leer otra vez los discursos nobelisticos de ilustres escritores como Neruda o García Márquez para darme cuenta de la distancia entre los laureados escribas. Vargas Llosa habló de cosas personales, de rasgos biográficos y procuró encontrar expresiones profundas y frases definitorias durante su relato, pero no alzó vuelo, a pesar de los cuetes que le revientan en Lima sus admiradores.

Hasta he tenido que escuchar a Wagner y las walkirias para tratar de profundizar en la extraña familiaridad que me produjo escuchar su discurso.

Tocó temas que están articulados como columna vertebral de su narrativa, pero que son de su experiencia familiar: la relación con la madre, con el padre, su identificación con el clan materno, su actitud. Lamentó que su madre no estuviera presente, nos hizo acordar lo mucho que odiaba a su padre y que la aparición de este a sus 11 años, quitándole la exclusividad de la madre, lo condujo a la literatura. Su desprecio hacia las dictaduras, Imagen casi social de su padre, y su aprecio a los íconos sagrados franceses del pensamiento. En pocas palabras, hizo su cantar de los nibelungos, esa saga en la que el héroe individual desafía al destino y ama a su hermana en feliz incesto. Incesto del que "Cien años de soledad" toma su razón de ser: por no casarse entre parientes y que los hijos le nazcan con colita de chancho es que José Arcadio Buendia emprende la fundación de un nuevo pueblo. La novela de García Márquez termina cuando nace el primer bebe con colita, hijo del incesto.

Y aquí estaba Vargas Llosa en Suecia con su clan, sobreviviendo a la tragedia mítica, indemne a las maldiciones del destino, superando como individuo a todos los padres y tiranos.

La narrativa de Vargas Llosa recoge los dilemas de esta extraña familiaridad, y la crítica lo ha demostrado en diversas ocasiones.

Es importante que un escritor peruano haya recibido un premio Nobel, es una gloria para el país. Pero de ahí a deshacerse en elogios y alabanzas personales hay un trecho. Quizás le hubiera salido mejor el discurso hace una década o más. Ahí queda el discurso escrito. Las comparaciones son odiosas, pero creo que Mario pudo haberlo hecho mejor. Ahí están los textos, que al fin y al cabo, son lo que quedará de toda esta movida, cuando se apaguen las luces y se recojan las copas de los cocteles.