sábado, 25 de diciembre de 2010

Como el primer día

Algunas canciones de Cortez se colaban por aquellas radios de los 70 y 80, y ese nombre, esa poesía, se iban quedando en mi sin yo caer en cuenta. Volví a reparar en Cortez a los 17, cuando Verónica Castro le dedico una Noche Estelar en el mejor programa que haya tenido esta mexicana bien bajita : “La Movida” (También dedico irrepetibles especiales a Silvio, Mecano, Miguel Mateos, Tania Libertad, Serrat, etc). Alberto Cortez es uno de esos Cantores con el fuego, con las llamas bien altas. Alberto te quema. Son conocidas aquellas historias de cuando se presento en la Plaza de Acho, se hizo todo oscuridad, silencio, y de pronto solo se escuchaba una voz irrumpiendo, apropiándose de ese ruedo, poseyéndolo, diciendo yo estoy aquí, son míos. Era Alberto cantando a puro pulmón, a puro pecho desnudo. Ese es Alberto.

Un compositor que se inicio cantando música bailable, en orquestas, con las que tuvo un significativo éxito, recorrió Europa, pero que un día en un Teatro de Madrid, a sus 27 años, dijo hasta aquí nada mas, no quiero seguir estafándolos, y se puso a cantar una sarta de canciones propias y poemas musicalizados. Ese es Alberto. Un cantor que ha tenido entre el publico asistente a sus recitales, a presidentes de todo el mundo. Hijo ilustre en México, Argentina, España. A sus 70 años la candela de Cortez sigue fuerte, intacta en sus esencias primeras. Simplemente un tipo pleno que puede decir aquello que por muchas taras externas, pero también internas, muy pocos seres humanos pueden llegar a decir : Sigo caminando junto a mis primeros sueños, junto a mis primeros amores, como el primer día.

A veces en las relaciones más estables y duraderas, en donde el amor tiene un protagonismo bien definido en todos los actos de la convivencia surgen pequeñas nubes que empañan por algún momento el límpido cielo del amor. Nadie está exento de semejante riesgo y esta afirmación no la digo para justificar enojos pasajeros. Soy de los que creo que la generalización comparativa de nuestros desatinos no justifica nuestras falencias ni nuestros errores. No puedo precisar como ni cuando sucedió, pero sucedió. Anduvimos un tiempo disgustados, aunque mejor sería decir más que disgustados, mimosos el uno con el otro. La reconciliación abrió la caja de las compensaciones. ”Pienso que ya no me quieres como antes, seguramente tu amor ha ido perdiendo el ardor de otrora y ya no te gusto”. Mi mesa de trabajo me recibió como siempre, dispuesta a la enmienda y como si le estuviera hablando al oído comencé a escribir: Te sigo queriendo como el primer día. Por la noche, antes de acostarnos deposite sin que se diera cuenta los versos sobre su almohada y lo que pasó después escapa al interés de los ajenos al asunto.

Alberto Cortez

Te sigo queriendo como el primer día,
con esta alegría con que voy viviendo.
Más que en el relevo de las cosas idas
en la expectativas de los logros nuevos.
Como el primer día de un sentir primero,
como el alfarero de mi fantasía.
Con la algarabía de un tamborilero
y el gemir austero de una letanía.
Como el primer día te sigo queriendo.

Te sigo queriendo, valga la osadía,
con la garantía de mis pobre sueños,
es decir, empeños porque todavía,
vive el alma mía de seguir creyendo.
Como el primer día, como el primer beso
y el primer exceso de melancolía.
Como la folía del primer intento,
como el argumento de una profecía.
Como el primer día te sigo queriendo.

Te sigo queriendo, si no lo diría,
sé que no podría con mis sentimientos,
lo que llevo adentro se convertiría
en una jauría de remordimientos.
Como el primer día eres el velero,
la estrella y el viento de mi travesía.
Mi filosofía, mi apasionamiento,
mi mejor acento, mi soberanía.
Como el primer día te sigo queriendo.