jueves, 23 de diciembre de 2010

Ayúdame Ña María en estos últimos años

Sin querer la “tía abuela” Chabuca Granda me dio el pie para iniciar esta crónica (posteriormente argumentare el porque del “sacrilegio”, inédita y sorpresiva “jactancia” de “osar” emparentarme con Doña Isabel Granda). Chabuca proponía un método a la hora de escribir, tener primero que decir, darle vuelta y giros en la cabeza al mensaje, al sentido, sentimiento de lo que queremos expresar, y luego sentarse cual oficinista con horario, y no pararse hasta terminar el producto estético. Esta seria también la misma técnica que utilizaban John (Lenon) y Paul (McCartney), quienes primero acordaban sobre que iban a escribir, se metían a una habitación, y no salían hasta que la canción estuviera terminada. Podríamos denominar a esta forma de trabajar el método “haiku”, del ESTAR AHÍ, en ESTE MOMENTO, método del “atrapar un instante”. En crónica, prosa poética, me acomodo mas a este modus operandis, y siempre lo aplico, aunque con unos ligeros particulares añadidos. Es por eso que hoy me decidí a escribir (mis contados y básicos escritos nacen de mi determinación de querer escribir, de querer decir algo puntual, nunca mi poética ha surgido de otro modo, por relámpagos luminosos, flechazos, arcadas biliares o parecidos), escribirle a mi segunda madre, que estuvo y ya no esta : Genara Antonia Torres Granda.
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Mi mama Genara nació en Camana, era hija de Claudina Granda, prima hermana del Papa de Chabuca, que vendría a ser prima en segundo grado de mi abuela, por ende, por esos vericuetos que recorre la sangre, Chabuca Granda en estricto árbol genealógico, es mi tía abuela en segundo grado. En algún momento me encargare personalmente de atar estos cabos familiares y de entrelazarlos, si se da la ocasión, pero hasta el instante de hoy esta noticia no ha pasado de ser un dato curioso, simpático, literario.

Mi mama Genara como buena representante de su tierra Camana, tenia dos infaltables características : Hermosa y Sincerota. Reparen que no dije sincera, sino sincerota, algo así como sinceridad a golpes. Quiero permitirme alucinar que esa sinceridad la he heredado, aunque solo sea en el arte, en la literatura.
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Por parte de la familia de mi padre, todos son jacarandosos, dicharacheros, norteños pues. Por parte de mama los parientes transcurren por los cánones del comportamiento estándar, normalito…pero la abuela tenia una característica, que hoy también me atrevo a creer que solo la emparentaba conmigo : somos los mas serios de la familia. No digo seriedad de amargados, con rictus de frustración crónica, porque nadie mas que mi abuela para haber impregnado de bondad el aire, cada taza de cocoa con leche, cada torrejita de zanahoria, queso y arroz, cada “metete a la casa que esta lloviendo, te puedes enfermar”. Si hay dos que han sonreído menos en casa, eramos mi abuela y yo. Tristes con vocacion de alegres nos llamaría Benedetti.

Un 23 de diciembre del 94, en la antesala de la peor navidad que haya vivido mi familia, mi abuela partió. Son de esas cosas que tu no concibes hasta que te suceden, hasta la antesala de la navidad de hoy no lo concibo. La muerte me sigue dejando esa sensación de absoluto vacio, sin llantos ni maldiciones, solo hueco, un asombro petrificado, mirando hacia un cielo de nada. Mi abuela no esta y no lo entiendo, no lo he procesado aun. Lo mas probable es que hasta mi propia partida me deje la misma sensación.

Puedo confesar mas que para la pagina, para mi mismo, que fui el nieto que mas amo. Esa mujer que se hubiera arrancado con alegría 20 años de su vida para que yo estuviera realizado y “fueras alguien en la vida luchito”, hoy no esta : ¿Hay algo que te pueda dejar mas vacio que la ausencia de un verdadero amor en nuestra vida?.
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Nunca, nadie mas volvió a decirme Luchito.
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La casa de mi abuelita olía a ella, y ese olor me daba abrigo, me amparaba, me daba paz, me hacia feliz. Gaston Acurio debería haber probado el te con cascaras de naranja seca, clavo, canela, de mi abuelita, me imagino el rostro que pondría. Debio haber probado la sopa de verdura mas casera e histórica del Perú, Sopa que haría milagros por los niños del Perú . Si no he sucumbido a la vida de perro convaleciente que a veces llevo, es por esos santos cocidos de papa, zapallo, choclo, queso, leche, fideos, habas, etc (y que aun me sostienen), con que mi abuela me esperaba cuando yo salía de la escuela.

Abuelita, nunca pude decirte te quiero, el puto destino del artista es decir siempre las cosas a través de sus obras, nunca decirlas al filo de su lengua. Esa es la pinche y maravillosa condición que nos posee.

Por ti ame al abuelo Manuel que no era mi abuelo, y te quiero, me regalaste mi primera grabadora con la que hiciste realidad mi sueño de escuchar a Silvio y Serrat, y te quiero, quedarme contigo cuando mami partía a trabajar, y te quiero, jugar en tu casita de madera con mi hermana que siempre esta lejos, y te quiero, lo único que odie de ti fue el trigo y el olluco con el que a veces me castigabas, y te quiero, te enterraron con tu habito del señor de los milagros y un rosario en las manos, y te quiero, nunca discutí tu fe, al fin y al cabo son pocas las herramientas que disponemos para poder asirnos en esta vida, y te quiero. Por ti hoy he aprendido a mirar con amor a mi niñez.

Ya pasada de setenta
y encorvada por los años,
camina, la doña.
Lleva rumbo de la iglesia,
cuelga en su mano el rosario
y en los labios, la plegaria
que repite día a día:
"Ayúdame Ña María en estos últimos años!"

El ayer, atrás quedó
y el sueño aquél en la piel se le arrugó,
y va pasando Manuela,
y hoy, cuán doloroso es su andar
su amiga la madrugada
la acompana en su penar.

Pasa, vestida de negro.
Yo la contemplo en silencio
y pienso en las cosas que aún espero.
Y al escuchar su plegaria,
por dentro sentí algo extraño.

"Ayúdame Ña María en estos últimos años!"