jueves, 30 de septiembre de 2010

La Panza del Mago

Una de las mejoras poéticas que he escuchado, padecido, en varios, varios años (digo padecido por la conmoción, electrocutamiento, complacencia, que me produce la presente poesía). Abraham Abel Velásquez Nardo, un Licenciado en Administración de Empresas, Mexicano, que en 1997, en algún feliz día para la Trova Hispanoamericana, decide comenzar su periplo de poeta con guitarra, escogiendo como nombre de batalla : El Mago. La Trova Mexicana es una veta pocas y raras veces explorada por el proyecto “Solo para Locos”. Es una deuda y falencia que aceptamos públicamente. Pero el experimentar propuesta estéticas como la de Abel Velásquez coloca entre nuestras ordenes de prioridad, el reparar con cirujano cuidado la cuantiosa producción que la canción de autor ha legado a México.

Abel Velásquez, a raíz de una falla cardiaca, murió en el año 2006. Pero el rastro de su sangre, muy tibia aun, la huella de esa piedra que nos lanzaba, y que todo aquel que la rozaba, se transformaba, esos signos vitales aun los podemos palpar en las casi 10 producciones discográficas que nos dejo como herencia. Aun se puede conversar con el Mago, el aun nos muestra el camino.

El mundo bajo fuego, armagedón de a peso,
El último couplé de licenciado a cantautor,
Luz rota en el espejo, amantes de momento
Que en burdas soledades se buscan el amor.

Y el miedo, corriéndome en los brazos
Sin saber si estoy en tratos, con Dios o con el Diablo,
Si basta con mis sueños, para hacer de este silencio,
Tu palacio, tu palacio.

La lluvia que no moja, la fe en las cruces rotas,
El tiempo en las bastillas, las canas y el reloj,
Los niños que veneran, un payaso en las noticias,
Diciéndonos que el reino de los buenos terminó.

Y el beso, que dejas en mi frente,
Me ordena desde el cielo, esperarte a que regreses,
Si no basta con mis sueños, para darte mil te quieros,
Tendría que regalarte, algo más que una canción.

Y tal vez puedas aceptar,
Que no soy y no seré un buen negocio,
Un artista de finezas defendiendo al arrabal,
Un poeta del moderno siglo de oro.

Un atlético aspirante a diputado federal,
Un prisionero, un manirroto, un buen amigo,
Que no canto pretendiendo, que alguien me quiera escuchar,
Soy una panza con guitarra,
Que ahora por ti se ha hecho devoto,
De tu vientre que en las fotos, no se deja, retratar.

Las nubes de tormenta, no tocan a la puerta,
Afuera las sirenas con su escandalosa voz,
La muerte que pasea por sobre las banquetas,
Vestida casi siempre de desesperación.

Y el humo, vomita en sus señales,
Que estás bien y por la hora, seguro tienes hambre,
Si no basta con mis sueños, para cocinarte un ruego,
Tendrás que conformarte nuevamente con arroz.

Y tal vez puedas aceptar,
Que no soy y no seré un chucho el roto,
Un vouyer de la desdicha, un mago de verdad,
Un San Jorge resurgiendo de entre el lodo,
Un escriba de la vida de todos los demás,
Un prisionero, un manirroto, un buen amigo,
Que no canto pretendiendo, que alguien me quiera escuchar,
Soy una panza con guitarra,
Que ahora por ti se ha hecho devoto,
De tu vientre que en las fotos, no se deja, retratar.

Soy una panza, que busca en el vacío que la tuya,
Acabe con el frío, Y que tu panza sea la mar,
Donde yo pueda ser feliz, y el papel con que en las noches,
Escribiré miles de cartas, a Paris, a Paris.