viernes, 16 de abril de 2010

Conocí a Vallejo en el 92

¿Que agregar, que aportar, que medianamente interesante sumar a lo mucho y a veces muy bien dicho sobre Cesar Vallejo?. Ayer 15 de abril se consagraron artículos, actos, para recordar la muerte de Cesar. Por mi parte hoy solo quiero atinar a contar como conocí a Vallejo. Obviamente a Vallejo lo conocemos primero en el colegio, pero bien sabemos que ese señor que nos dan por vez primera a conocer, no es Vallejo, nos presentan a otra persona, nos presentan a un señor de otro siglo, casi emparentado con Francisco Bolognesi, Alfonso Ugarte, tan inaccesible, lejano e irreal como un Zeus, tan intocable como una ostia.
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A Vallejo cuando lo conocemos, si es que de verdad lo llegamos a conocer, se le avista en otro lado. Yo me tope con el en la redacción de una revista. Se cumplía el centenario de su nacimiento, era 1992, tenia 18 años y se me encargo escribir un articulo. Como todo un responsable y metódico prosista que si era en aquel entonces, me dispuse a leer toda la obra poética del vate. Prácticamente me la leí completa, en una tarde, sentado en el sofá de mi sala. Solo recuerdo una sensación de hundimiento, como si una sustancia oscura me hubiera cubierto y aplastado. Termine enfermo esa tarde, con una sensación de abandono, desamparo. Como todo un responsable y metódico prosista que si era en aquel entonces, asistí luego a cuanto homenaje pude, a los centenares de actos conmemoratorios, y odie a todos los declamadores, a todos esos especialistas en rasgarse las ropas recitando, arañarse la cara recitando, tirarse al piso recitando, sangrar recitando (por motivo del centenario, declamadores cuasi cómicos ambulantes, encontraron su pretexto para aparecer como una plaga bíblica). Pero aun no lo encontraba bien, a Cesar me refiero, pero como todo un responsable y metódico prosista que si era en aquel entonces, seguí terco, y es entonces que empiezo a devorar cuanto casette de musicalizaciones había sobre la poesía del cholo universal. Y es de este modo, a través de otros, primero a través de Silvio, de Milanes, Noel Nicola, "Los Vecinos de Juan" (grupo de fusión peruana ya extinto) que pude hallar al poeta tan arduamente buscado. Silvio decía en una canción dedicada a la ya casi histórica Emilia : "Vallejo así nos descubrió, Byron estaba en su lugar". Silvio se enamoro mas de Emilia cuando ella le presto un libro de Vallejo. En una bonita obra que monto Juan Rivera Saavedra por aquel inolvidable 1992 (Obra obviamente consagrada a Vallejo también), Rivera Saavedra nos mostraba a un CV abrazado y tambaleándose con Pablo Neruda, bien asidos ambos a una botella de vino, caminando por las medianoches de parís, meandose de la risa porque cesar había logrado burlar a georgette, única manera que el tenia para poder salir a beberse unas copas para la eternidad con el otro chileno eterno. Juan Rivera nos mostraba a un CV escondido en una esquina, en una madrugada, a las 6 am, esperando a que salga el primer pan, calientito, que salía de la panadería del padre de georgette, pan que georgette hurtaba para el. Vallejo bromeaba, sonreía, era lo mas alejado al casi Jesús de semana santa que siempre nos representan. Una noche viendo el programa de Veronica Castro que entrevistaba a Silvio Rodríguez, ella le pregunta acerca de que libros salvaría de una hecatombe universal, que diera el nombre de 3 libros que Silvio pondría a buen resguardo para las futuras generaciones, Rodríguez enumero : "El Principito", "La edad de Oro" de Marti, y "Poemas Humanos". Para ese entonces Vallejo ya era para mi otro, o quizás por fin empezaba a ser el mismo. Releí sus poemarios y ya no sentí mas la sustancia oscura que me aplastaba. Sonreí ante las maestrías de poemas como "en el rincón aquel", y me saque el sombrero ante la casi totalidad de "Poemas Humanos". Paco Yunque es una genialidad, es un tratado pedagógico, un taller de como tiene que ser una obra de arte maestra.

Resumiendo, creo que a mi me paso lo que le pasa a la gran mayoría de peruanos : respetamos excesivamente a Vallejo. Todo el mundo lo venera, todo el mundo lo conoce, todo el mundo lo publicita, hasta hay equipos de futbol con su nombre, pero nadie lo lee. Para Vallejo y también para otros grandes como Scorza, Heraud, etc, hay que experimentar otros modos de darlos a conocer, de presentar sus poemas. Hay que humanizar a Vallejo, sentarlo en los cafés, sacarlo a los patios escolares, no, mejor a los recreos, hacerlo historieta, manga, yo que se, pero hay que meterle soplete y derretir, desaparecer ese bronce que lo cubre, que lo tapa, para que todos veamos por fin de como era su tez, el color de sus ojos, el brillo o la oscuridad de sus gestos.

Ah, me olvidaba, el articulo por el centenario del nacimiento fue escrito y publicado en la Revista juvenil, muy bien impresa, “OE”, un primo pintor hizo una diferente y bella ilustración, titule a la crónica "A quien pueda interesar", pero el director de la revista me lo cambio por "A quien corresponda", hoy le hubiera tirado la PC por la cabeza, pero en aquel entonces no dije ni mu. "A quien pueda interesar" intereso a pocos, se me reclamo mucho el porque no hable mas de Vallejo en el articulo, porque no di datos de su vida, análisis de sus poemas, bibliografías, etc. Es verdad, en apariencia hable poco de CV en aquel texto, hable panorámicamente sobre los terribles 90 que padecíamos, sobre campesinos acribillados, sobre una lima de ambulantes y burdeles, sobre el pan que se nos quema. Pocos se percataron, pero yo si estaba hablando de Vallejo, porque hablar de Vallejo es hablar de una república dolorosa, es hablar de ominosas cadenas cada vez mas presentes y actuales que en aquel retorico himno, es hablar de pulmones prójimos secándose en socavones, pero también es hablar de solidaridad, de la lucha para que un sol salga a diario sobre nuestra patria.

Ahí radica la grandeza de Vallejo, considero yo, en el echo de que con el no miramos solamente unas palabritas magistralmente bien dispuestas y organizadas en una hoja en blanco, con Vallejo nos vemos mas claramente a nosotros, a nuestros semejantes, miramos mejor la raíz de nuestro dolor, y solo así aprendemos a mirar hacia donde lanzar la estrella que nos lleve a otro horizonte mejor.

Emilia, tus ruinas
las leí con buena voz,
tienen puertas como tú.
Qué ridículas mis cartas,
qué ridículas las sombras de mis sueños.
Qué bien te recuerdo llorando.

Emilia, has ido
junto con cada canción,
escondida en un baúl
como un signo inevitable,
y hay anécdotas tirándome del ceño.
Qué bien te recuerdo llorando.

Qué dirá tu instinto
cuando sienta esta canción
y qué dirás tú, que te acercas
a la máxima distancia entre nosotros.
Quién conoce que un soldado
moribundo te cantaba,
que hubo olores de una selva,
que había cisnes, que llovía.

Vallejo así nos descubrió,
Byron estaba en su lugar.
Todo pasaba con nosotros.

Emilia, que horriblemente
hermoso era aquel tiempo.

Emilia, ¿qué pasa?
¿Cuál resaca nos llevó
al silencio, a recordar?
Algún viento nos ha dado
y en sus puntas discutimos con la muerte.
Que no te sorprenda llorando,
Emilia.

[Que no te convenza llorando,
Emilia.]

(1969)