sábado, 2 de enero de 2010

Cartas a mi Madre en Navidad (Cesar Calvo)

Agradecemos a Guillermo Calvo Soriano, hermano de nuestro enorme Poeta Nacional Cesar Calvo, quien siempre con sus correos, envíos, nos mantiene alertas, bien despiertos, para seguir cuidando la memoria y obra del entrañable y eternamente Poeta Joven del Perú.

De las letras de Calvo no pueden salir otra cosa que disparos, piedras, fogonazos, mazazos en la nuca, ventarrón en la cara. Prueba de ello son estas cartas que el dirigiera a su señora madre en navidad.
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Barranco , 23 de Diciembre de 1964

Queridisima Madre : Te escribo desde 20 minutos de distancia , desde una larga calle que da al mar , bordeada de àrboles , hermosa como tù , y como tù transida de una amarga alegrìa.

Quiero solamente decirte algo que sabes: Gracias. ( Lo hago por escrito para no emocionarme demasiado , y porque tambièn he heredado ese tu dulce modo de callar ante lo que se ama verdaderamente , como si un mismo nombre nos cerrara los labios. )

Gracias por ser mi madre. Gracias por los hermosos hermanos que me diste. Gracias porque estàs viva , y porque puedo verte y tocar tus cabellos , y porque puedo pensar en ti todas las noches , todos los dias , y aplacar con tu imagen mis amarguras de hombre . Pues por ti soy poeta , y por ti vivo . En tu Nombre me levanto diariamente , y en tu Nombre sufro y soy feliz . Y en tu nombre respiro el aire de esta noche , y contemplo la luna ; y amo la vida , la libertad , el mar , porque tù me lo enseñaste .

No quiero decir màs . Nada màs sino este beso sobre tu frente , sobre tu vida incomparable .

Te ama eternamente , tu Hijo

Cèsar
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Cuando hermano y hermanas , en sucesivos dìas de anochecer , hacia su propio corazòn se vayan , te llevarè a Parìs , Parìs lejano como el viento , como tù , como yo , mientras el soplo del otoño , bajo tus pies , como un Sena de miel .

Aunque tal vez primero , a Buenos Aires , porque en los muelles veas como un montòn de arena mi recuerdo , bajo la lluvia de febrero , solo , en los muelles de 1963 . O tal vez - porque oigas en tu pecho , sin lìmites , mi sangre - vayamos a la Selva , al Amazonas rojo , cuando los pescadores guardan el sol entre sus redes y se olvidan , sudorosos de amor , sobre la hierba .

Viajaremos a Nìnive , a Santiago de Chile , a Samarkanda . Te presentarè a mis hermanos que harapientos vocean las primeras noticias del invierno , y tu silencio deslumbrado harà rìos sin fin sobre la nieve , entre las ranas desaliñadas de los ùltimos sauces . Despuès iremos a Moscù ; cogida de mi mano conoceràs Moscù ; allì un rio invisible como los sueños te incendiarà la frente , y por primera vez sobre tu rostro , sobre mi rostro , por primera vez , ha de caer el sol.

Te llevarè a Venecia , a Roma , a Alejandrìa . Iremos a todas las comarcas donde un rio atraviesa , sòlo para que veas , para que escuches , Madre , que ninguno es tan dulce , tan hermoso , como el que tus ojos tendieron sobre mì en los ancianos dìas oscuros de la infancia.