viernes, 30 de octubre de 2009

Irene

I

Mi madre fue obrera

En las mañanas se vestía del color de los tejados
Y en las noches leía el corazón a todos los muchachos

Jamás entregó sus sueños al canto de los pájaros

Ni su vida a los árboles que morían como el hombre
Con el humo de las fábricas

Un día

La lluvia no distinguió las letras de sus manos
Y la dejó como una paloma acribillada
En las ventanas de la calle

V


Te has muerto

Buscando como el sol
Los rincones de la casa

Hablándole a las plantas

Y a los espejos miserables de la pena
Cuando Leonor -tu comadre-
Hecha bondad y amor en la cocina
Te miraba desde los escombros de los días

Y si bien

Ahora te hablo y te recuerdo
Y te lleno de palomas y ventanas en el cielo
No es para cerrar tus ojos en mi pecho
Ni para llenar de besos tu rostro anaranjado en la mañana
Sino para encender tu vida en los mensajes de la calle
Como una flor creciendo
Entre los vagabundos desesperados de la calma

VI


Amé en ti madre

Tus recuerdos en el día

Especialmente cuando nos contabas

Historias de fantasmas
Perdiéndose como moscardones en el tiempo

O cuando bailando con tus parientes en el alma nos decías

(Las ollas de barro soñaban margaritas en el fuego)
"El sol crece como una hostia en el monedero triste de mi pecho"

O aquel día

Cuando después de vivir como los duendes
El último día de vacaciones de tu vida
Te sentaste a esperar
Con tu pelo color primavera de los sauces
La muerte en los sillones / tarareando
Canciones que estaban a punto de extinguirse
en el techo derruído de tus pasos

Y cuando alguien te preguntó

Por la luz irreparable de tus manos
Con toda la sabiduría de los árboles le dijiste:
"La única forma de morir en este mundo
Es contar estrellas con los ojos"

VII

(a lo Ernesto Cardenal)

Nunca te pregunté quién fuiste
Te quise como eras

Jamás te hablé de la soledad de los trigos

Simplemente construi mi vida
Con tus silencio0s y temores

Me grabé como un ramo de azucenas tu mirada

Que fue para mí
La única esperanza de mis bosques

Te fui franco tú también lo fuiste

Por eso jamás hubo entre nosotros
Mentiras o rencores

Ahora

sin embargo
Todo es más sencillo
Tu muerte me ha convertido
En el huérfano más triste de la noche


(Juan Cristobal, de: Poblando los silencios)