viernes, 25 de septiembre de 2009

Del porque este Modelo de Sociedad no es Justo ni Útil

Millones de seres humanos han trabajado para crear esta civilización de la que hoy nos gloriamos. Otros millones, diseminados por todos los ámbitos del globo, trabajan para sostenerla. Sin ellos, no quedarían mas que escombros de ella dentro de cincuenta años.

Hasta el pensamiento, hasta la invención, son echos colectivos, producto del pasado y del presente. Millares de inventores han preparado el invento de cada una de esas maquinas, en las cuales admira el hombre su genio. Miles de escritores, poetas y sabios han trabajado para elaborar el saber, extinguir el error y crear esa atmósfera de pensamiento científico, sin la cual no hubiera podido aparecer ninguna de las maravillas de nuestro siglo. Pero esos millares de filósofos, poetas, sabios e inventores, ¿no habían sido también inspirados por la labor de los siglos anteriores?¿No fueron durante su vida alimentados y sostenidos, así en lo físico como en lo moral, por legiones de trabajadores y artesanos de todas clases?¿No adquirieron su fuerza impulsiva en lo que les rodeaba?
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(...) Cada maquina tiene la misma historia: larga historia de noches en blanco y de miseria; de desilusiones y de alegrías, de mejoras parciales halladas por varias generaciones de obreros desconocidos que venían a añadir al primitivo invento esas pequeñas nonadas sin las cuales permanecería estéril la idea mas fecunda. Aun mas: cada nueva invención es una síntesis resultante de mil inventos anteriores en el inmenso campo de la mecánica y de la industria.

Ciencia e industria, saber y aplicación, descubrimiento y realización practica que conduce a nuevas invenciones, trabajo cerebral y trabajo manual, idea y labor de los brazos, todo se enlaza. Cada descubrimiento, cada progreso, cada aumento de riqueza de la humanidad, tiene su origen en el conjunto del trabajo manual y cerebral, pasado y presente. Entonces, ¿qué derecho asiste a nadie para apropiarse la menor partícula de ese inmenso todo y decir “Esto es mío y no vuestro”?

(...) El simple echo del acaparamiento extiende así sus consecuencias a la vida social. A menos de perecer, las sociedades humanas vense obligadas a volver a los principios fundamentales: siendo los medios de producción obra colectiva de la humanidad, vuelven al poder de la colectividad humana. La apropiación personal de ellos no es justa ni útil. Todo es de todos, puesto que todos los necesitan, puesto que todos han trabajado en la medida de sus fuerzas, y es imposible determinar la parte que pudiera corresponder a cada uno en la actual producción de las riquezas.

¡Todo es de todos! He aquí la inmensa maquinaria que el siglo XIX ha creado, he aquí millones de esclavos de hierro que llamamos maquinas que cepillan y sierran, tejen e hilan para nosotros, que descomponen y recomponen la primera materia y forjan las maravillas de nuestra época.

Nadie tiene derecho a apoderarse de una sola de esas maquinas y decir : “Es mía; para usar de ella, me pagareis un tributo por cada uno de vuestros productos”. Como tampoco el señor de la Edad Media tenia derecho para decir al labrador: “Esta colina, ese prado, son míos, y me pagareis por cada gavilla de trigo que cojáis, por cada montón de heno que forméis.”

Basta de formulas ambiguas, tales como el “derecho al trabajo”, o “a cada uno el producto integro de su trabajo”. Lo que nosotros proclamamos es el derecho al bienestar, el bienestar para todos.
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*Extractos del Libro “La Conquista del Pan” de Piotr Kröpotkin. Kröpotkin es uno de los teóricos del anarquismo peor y menos conocido por las jóvenes generaciones de finales de siglo. Y ello se debe tanto a la dificultad de encontrar sus textos como a la mas favorecedora actitud del Sistema hacia Bakunin. “La Conquista del Pan”, es un documento excepcional, el tratado que mejor expresa la doctrina anarquista del príncipe Kröpotkin, un antiguo liberal, que se opuso al golpe de Estado Bolchevique y se negó a aceptar acuerdo alguno con los comunistas.