jueves, 24 de septiembre de 2009

Abril nace en medio de la guerra

Hacía tres días en las que amenazaba aguacero sin caer una gota. Los mismos tres días en que los dolores despaciosos de parto apretaban, mientras la impaciencia subía en cada revisión. La dilatación solo llegaba a tres. Aguas, baños y bebedizos de hojas de brevo, ayudaron a abrirse paso a la niña, justo cuando las primeras explosiones y disparos de fusiles se oyeron en las tempranas horas de la mañana del cuarto día de un largo parto.

Así nació Abril, mi segunda hija, que abrió los ojos en medio del combate entre el ejercito y el grupo guerrillero Jaime Báteman Cayón, el 29 de marzo de 1996, cuando la tregua fue rota en las montañas de Miranda, Cauca, en el Sur de Colombia.

En la paradoja del amor y la guerra llego Abril, en manos del medico rural Andrés Alegría, que tuvo la buena idea de hacerme parir como una india, de pie, y que con una sonrisa de soles andinos, jugo a ocultar el olor de los heridos y los muertos que empezaron a llegar al hospital del pueblo.

Los primeros sonidos del mundo exterior de Abril fueron mis palabras que se mezclaban de fondo con las bombas que caían desde los aviones sobre el cerro de las Tres Cruces. Ya en la habitación, nosotras, limpias como azucenas, pudimos mirarnos y mi seno se dio espléndido, a pesar de la mirada de pesadumbre del militar apostado en la puerta de entrada.

Las madres aprovechamos toda oportunidad para contar nuestros partos. Así pues, esta es mi historia de cómo Abril nace a finales de marzo, en medio de la guerra, que muchos creen lejana y otros inexistente. Una guerra en la que muchos nacimos y nos acostumbramos a vivir sin asombro, como algo irremediable, perdidamente irremediable.
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Abril es la niña de rojo. En esta imagen se encuentra con su tío y hermana en la ceremonia de presentación del Libro de su Mamá, Vera Andrea Carvajal (Bogota-Colombia).

***Texto de la Escritora Colombiana Vera Carvajal, extraído de su libro “Días de Cosecha”.