domingo, 2 de agosto de 2009

¿Alguien sabe lo que es la APDAYC?

Hace algunos días recibimos este importante email del Trovador y Hermano Luis Enrique Alvizuri. Lo leímos con suma preocupación. Con toda la bien llevada pedagogía a la que nos tiene acostumbrado alvizuri, nos pone al corriente de la situación en la que se encuentran nuestros compositores en el Perú, bajo los hilos de quienes se encuentra la creación musical en el Perú. Es de menester que lean esta exposición en su totalidad. Y será mucho mas necesario que estemos atentos a cualquier llamado, a cualquier aporte que podamos hacer desde nuestra posición, para trocar este sistema de cosas que se ha enquistado en nuestra Asociación Peruana de Autores y Compositores.

Estimados amigos:

1. Espero no abusar de su paciencia pero como sé que este grupo se creó justamente para intercambiar, no solo noticias, sino también pensamientos, permítanme expresarles lo siguiente. Como tal vez sepan, últimamente el tema de la APDAYC está motivando una polémica puesto que ellos han declarado que piensan intervenir incluso en los I Pod y en todo aparato de Internet que puedan. Los que nos consideramos artistas no podemos estar indiferentes ante esto pues nos atañe y exige que tomemos alguna posición al respecto.

2. Quizá ustedes como yo estén inscritos en la APDAYC; en mi caso fue por obligación, dado que me lo exigían para presentarme en distintos sitios. Lo cierto es que de mi inscripción, hace muchos años, no he obtenido hasta ahora nada concreto; más bien he tenido que sufrir para pagarles los derechos de interpretar mi propia música (dinero que, por supuesto, no he vuelto a ver). Esa es la razón, como lo manifesté en mi carta sobre el caso de Pepe Villalobos hijo, por la que ya no me interesa hacer presentaciones individuales.

3. Ahora bien, es bueno saber que, después de tantos años de gestión, la susodicha organización tiene locales propios en todos los distritos de Lima y acaban de anunciar -a través de su presidente ejecutivo, el señor Armando Massé- la adquisición de un estudio de grabación y de tres radios en provincias. A esto se suma el reciente encargo de administrar la programación de radio Nacional. Hasta ahí está todo va bien.
Pero el problema no pasa por cuánto reciben ni cuánto gastan sino cuánto benefician a sus agremiados. ¿Están todos sus integrantes bien recompensados por sus esfuerzos artísticos o solo los amigos cercanos a la directiva? ¿Qué pasa con los auténticos artistas populares, esos que no tienen ni para inscribirse y que no lo desean; dejan de ser artistas por no estar en la APDAYC? ¿Por qué les impiden actuar si es que no pagan? ¿El señor Ballumbrosio y muchos más tenían que pagar para ser artistas? ¿Por qué murió en la misma pobreza en que nació, así como muchos otros más lo han hecho? ¿Es entonces la APDAYC una mafia que solo beneficia al grupito pero anula a quienes no pertenecen a él? ¿Es cierto que son matones con la ley en la mano? ¿Qué gran cosa es esa que ahora los miembros se pueden atender... ¡En los hospitales públicos!? Con todo el dinero que tienen ¿no deberían haber dado siquiera un seguro privado para que sus integrantes se atiendan en clínicas particulares, ya que hay el dinero para hacerlo?

4. Y no nos quedemos solo en el factor dinero, pues ese no el verdadero objetivo (supuestamente) de dicha organización. ¿Qué pasa con la música peruana en los últimos 20 años? ¿Por qué, habiendo tantos recursos, la APDAYC no ha gestado un solo artista de la talla de Felipe Pinglo, Chabuca Granda, Pastorita Huaracina, García Zárate, Picaflor de los Andes, Victoria Santa Cruz, los Shapis y muchos otros más? Nunca han hecho un concurso nacional de jóvenes valores, nunca han promovido y defendido la autenticidad de la música, nunca han gestionado acciones para estimular a géneros como el criollo sabiendo la crisis por la que atraviesa. Es decir, musicalmente no han hecho prácticamente nada en relación con lo que cuentan económicamente (porque si no tuvieran dinero nada se les cuestionaría). Argumentarán que la crisis es mundial, que la globalización ha degenerado al arte y lo ha comercializado, que ha perdido su pureza y poesía y muchas cosas más. Muy bien. ¿Y por qué no hicieron algo para mantener y recuperar el nuestro? ¿Tan difícil les es darse cuenta que existen artistas no comerciales que sí sostienen la autenticidad de los géneros? En cuanto a la trova ¿no podían fijarse que hay muchos jóvenes con talento que están renovando el estilo y la temática de la música peruana? Lo único que han hecho por ellos es ningunearlos (pues no figura este género en sus estatutos) y cobrarles por presentar sus creaciones en público cuando sus recursos no alcanzan ni para el taxi.

5. Este es el verdadero drama de la música peruana: su propia organización utiliza los recursos para la infraestructura y para tener sus arcas en azul, pero no destina nada en favor de lo que es su razón de ser: el fomento de la creatividad. Se parece a la política de Fujimori (gestor de esta ley que permite enriquecerse a la directiva) en materia de educación, para quien ésta consistía solo en construir colegios, con las ganancias que había de por medio, olvidándose que la educación es un proceso humano y no ladrillo y cemento. Pues bien, esta es la actual política de la APDAYC: ladrillo y cemento. Pero para la promoción, investigación, preservación y estímulo de la música peruana... nada. Y justo ahora que está invadida por toda clase de géneros (caribeños, jazzísticos, rockeros y españoles) que se imponen comercialmente, obligando a los compositores a adaptarse a ellos a la fuerza o desaparecer. ¿Tenemos que jazzear al huayno para que no muera? ¿Necesitamos afrocaribeñizar al valse para que la gente lo acepte? ¿Es el rock la única música que un joven puede ejecutar? ¿Es la incorporación de los ritmos extranjeros el único camino para la supervivencia de nuestros sentimientos, de nuestra poesía, de nuestra música? Yo particularmente pienso que no.

6. La APDAYC necesariamente tendrá que sufrir una transformación profunda si no quiere terminar con un golpe de estado que le ponga límites a sus pretensiones. Tarde o temprano, por ese camino, se volverá odiosa e incongruente con la verdadera expresión y creatividad, que es algo libre y no requiere de tener que pagar para expresarse. Recordando a Vallejo, todo arte o voz genial viene de pueblo y va hacia él, y la música nuestra no puede ser manipulada, canalizada y administrada por quienes, al amparo de una ley, se hacen los dueños de todo lo que suena en nuestro país. Por último, si quieren cobrar, que lo hagan a las grandes empresas que lo pueden pagar, pero que eximan de hacerlo a los propios artistas populares. Si esto no cambia tarde o temprano esta ficticia bonanza que produce infraestructura pero no artistas va a tener un triste final.

Muchas gracias.

Luis Enrique Alvizuri

***Luis Enrique Alvizuri García-Naranjo (Lima, 1955). Ensayista, publicista y comunicador, con estudios de sicología en la Universidad Ricardo Palma y comunicaciones en la Universidad de Lima, es autor de ensayos filosóficos, poemarios, cuentos literarios y para niños, y compositor e intérprete de canciones de contenido social y reflexivo, con varios discos grabados. Es creador de juegos de mesa, de un módulo educativo para nivel inicial y de una caricatura periodística titulada Zapatón y Zapatilla. Profesionalmente se desempeñó como locutor de radio y televisión, como periodista y como publicista de varias agencias de publicidad del Perú. Actualmente es consultor en comunicaciones empresariales. En 1994 fundó la Asociación Artística y Cultural GAMA y es fundador y actual presidente de la Sociedad Internacional de Filosofía Andina SIFANDINA.

Trovador Luis Enrique Alvizuri en Concierto para Escolares del Turno Nocturno en VMT.