miércoles, 20 de mayo de 2009

Mi Oficio

Siempre lo he dicho sin ningún titubeo, y a riesgo de parecer aun mas egocéntrico de lo que en realidad soy, siempre he dicho que me considero un Artista de Raza. Hay gente que escribe poesía, toca un instrumento, pinta, hace cine, pero eso no implica que sea necesariamente Artista. No pretendo exponer aquí ninguna hipótesis, teoría, pero creo que el ser Artista implica una serie de características : Intuición parecida al vaticinio, pasión calcinante que volcada hacia el objeto artístico quema, porque el arte quema compañeros, Neruda quemaba, Vallejo quemaba, Scorza te incendiaba, Silvio te fusila con un lanzallamas, obviamente también Chabuca, Nicomedes. Ser Artista implica una cierta animalidad, o mejor dicho una cierta monstruosidad, deformidad respecto al gran río de seres que caminan contigo a diario, ser artista no es platillo de todos los días. Y pienso en amigos no-celebres que muchos de Uds. desconocen probablemente, pienso en el Instrumentalista Teovaldo Martínez, que cuando toca su zampoña de 2 metros, suda hasta las uñas, y puede volver a estar temblando en Pisco, pero el no se enterara de nada, porque su espíritu en ese momento es viento tibio entre las cañas, pienso en Marcos Esqueche en Caracas, teniendo el recurso económico apenas para chuparse un limón diario, pero asumiendo su vocación con hidalguía e increpándome : ¡ Yo soy un actor carajo, como se te ocurre pensar que puedo dedicarme a otra cosa!, salía raudo con sus zancos por el Jirón de la Unión de Caracas, que es el Boulevard de Sabana Grande, y montado en esos palos, vestido de colores y pintado el rostro, seguía interpretando su gran teatro del mundo. Esa fuerza, esa teluridad, ese don espontáneo, que se sale, que se te desborda, que brilla solo sin que lo frotes, ese fuego, esa llamita que los demás te veían desde pequeño, pero tu hacías no mas tu representación, sin tener conciencia de la llamita, eso no nace contigo, falso, eso viene de mas allá, de mas al fondo, así como tus 1.65 cm, tus piernas delgadas o tu nariz ancha se fue decidiendo cuando la sangre de tus abuelos se mezclaba años atrás, igualmente el alcance de tu voz, el brillo o no de tus gestos, el calor o no calor de tu palabra, eso se decidió en otro tiempo, y no lo puedes decidir ahora.

Declamo poesía desde los 6 años de edad, o mejor dicho actúo desde esa edad. Mis padres, mis profesores y mis abuelos me sacaban desde cualquier canchita de futbol, o emocionante juego de bolitas para llevarme de las orejas a declamar por el día de la madre, el maestro, la bandera, etc. Pero la actuación es algo que deje hace muchos años. Fui profesor de teatro y gane muy bien, hice talleres con los Cuatrotablas, trabaje en Nubeluz (Venezuela), pero hubo un momento en que dije, la actuación no me llena y me jubile . Tengo todos los recursos necesarios para declamar un poema rasgándome las vestiduras, tirándome al piso, chillando, arrastrándome hasta sangrar, pero la verdad, odio la poesía teatralizada, respeto a Delfina Paredes, pero yo no cultivaría ese genero. Taras mías pues. ¿Que si la poesía debe utilizar esos mecanismos?, claro que si, que los actores, los grupos de teatro deben representar poemas, obvio que si, uno mismo promueve eso, pero yo particularmente ya no lo haría, así como por ejemplo jamás cantaría un tema de José José o de El Puma, es cuestión de gustos nada mas. Prefiero la poesía rezada, susurrada, dicha como en oración, y eso es lo que he intentado hacer cuando me invitan a las lecturas. No estoy seguro de si logro mi cometido, pero es lo que intento. Aunque debo confesar que algunas veces me he visto obligado a declamar en plazas, parques, colegios, pero sigo con las confesiones, no soy muy feliz haciendo eso, solo lo hago porque se necesita, porque la poesía lo requiere, la causa lo requiere, pero no es concorde a mi total voluntad. En estos menesteres de la recitación, hace algunos años, cuando salía a declamar casi todos los domingos en la Plaza Mayor de Villa María del Triunfo, unos niños vendedores de caramelos, eran unos 4 mas o menos, se cruzaron conmigo en la plaza de Villa María un día de semana por la mañana, casi que nos chocamos, ellos iban abrazados, me observaron, me auscultaron y empezaron a reír, no en son de burla, sino de festejo y empezaron a gritar : ¡El Poeta, el Poeta, mira es el Poeta!, y después de rodearme casi en redondela india, se fueron casi cantando ¡El Poeta, el Poeta!. Después de eso, me pregunte, ¿Cual es el oficio que me corresponde en esta tierra que me ha tocado vivir?, y mi respuesta fue este poema, incluido en la Muestra Poética de Lima Sur.
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Lo que Oficio
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Duro oficio éste de mirarte crecer
éste de aceitarte la lámpara
con la que te has de alejar
duro oficio éste de no abrazarte la luz
las madrugadas
difícil oficio el de acostarme
sin haber hecho la labor
sin deshollinarme lo cretino
sin que los justos me reconozcan
difícil esto de ser índigo
cristal
difícil oficio Ciudad de los Reyes
con un solo ojo
difícil estos tus 500 años
de llamarnos Juan
otras John
Atahualpa
nunca poderoso himno
que pueda curarte
e invocarte
Paismuchachita con la que nadie ha bailado
duro oficio el de no saber escribir un poema
que no sea entendido sólo por la amada
duro ésto de crear la rosa
hacerme caballero
difícil mirar
hacerme testigo
difícil luchar un día
un año
muchos años
difícil oficio el de la sangre que se acaba
el de este trópico
el de este cáncer
del vano ser que oficia
el duro oficio de no leer para los Poetas
para que no lo aplaudan los Poetas
para que todos los niños de todos los parques
lo señalen Poeta