miércoles, 8 de octubre de 2008

Vallejo así nos Descubrió...

Esta Canción era un imprescindible en los Conciertos de Silvio a principios de los años 90. Tuve la oportunidad de presenciar y escuchar este tema en Directo, cuando Rodríguez se hacia acompañar por la fenomenal Banda de “Afrocuba”, allá por Junio del 93 en Colombia. Siempre supe que estos versos estaban dedicados al amor mas importante de su primera juventud. Dejemos que el mismo Silvio nos hable sobre Emilia, muchacha de la cual se comenta le dedico mas de una canción (Ojala, Te doy una Canción, Óleo de una Mujer con Sombrero, etc). Creo que pocos disentirían conmigo si afirmo que tranquilamente podemos quitarle la música a estas letras y queda perfectamente un poema con un alto standard de calidad para formar parte de cualquier poemario, sea de la generación o del “canon” que sea.
Primero la letra y después el video con una anécdota “muy cubana” como introducción con uno de los antiguos compañeros de Silvio Rodríguez en aquel, mítico ya, Buque de Pesca en el que se embarco un día la Guitarra de un Joven Soldado, Barco que lo marcaría tan hondamente que lo llevaría a componer temas como “Playa Girón” y la presente : EMILIA.

“(…) Fue un amor que tuve cuando estuve en el ejército, haciendo mi servicio militar. La conocí cuando tenía 18 años, fue mi primer amor importante en el sentido de que fue el primer amor que me enseñó cosas. Era una muchacha mucho más evolucionada que yo, mucho más inteligente, más culta. Me enseñó, por ejemplo, a César Vallejo. Después nos tuvimos que separar, estaba estudiando medicina y en fin, no le cuadró. No sé por qué estudió medicina, cosa loca de ella, en realidad siempre fue de letras. Después estudió letras, se fue a su pueblo Camagüey, a estudiar eso y yo me quedé solo aquí en la La Habana, totalmente desolado. Pasaron los años y el recuerdo de aquel amor tan bonito, tan productivo, tan útil (ojo, no confundir con utilitario), enriquecedor, de aporte a uno... pues, estaba obsesionado yo con esa idea. Y porque fue un amor frustrado, tronchado por las circunstancias, por la vida, no fue una cosa que se agotara, pues se me quedó un poco como un fantasma (…)”

EMILIA

Emilia, tus ruinas las leí con buena voz,
tienen puertas como tu.
Que ridículas mis cartas,
Que ridículas las sombras de mis sueños.
Que bien te recuerdo llorando.
Emilia, has ido junto con cada canción,
escondida en un baúl
como un signo inevitable,
y hay anécdotas tirándome del ceño.
Que bien te recuerdo llorando.

Que dirá tu instinto cuando sienta esta canción
y que dirás tu, que te acercas
a la máxima distancia entre nosotros.
Quien conoce que un soldado moribundo te cantaba,
que hubo olores de una selva,
que había cines,
que llovía.
Vallejo así nos descubrió, Byron estaba en su lugar.
Todo pasaba con nosotros.
Emilia, que horriblemente hermoso
era aquel tiempo.

Emilia, que pasa,
cual resaca nos llevo al silencio,
a recordar.
Algún viento nos ha dado
y en sus puntas discutimos con la muerte:
que no te sorprenda llorando,
Emilia