sábado, 20 de septiembre de 2008

Cantos del Amor Terrestre : Gustavo Valcárcel

¿En qué puede aportar a nuestras vidas el echo de conocer, descubrir, releer, promover, difundir la Poética de un Vate como Gustavo Valcárcel? ¿Cuál seria el sentido para volver acercarnos a este tipo de obras “que ya no se hacen”, “que ya no se usan”? ¿Acaso podríamos ubicar algún tipo de trascendencia e importancia, en un Perú como el que nos ha tocado vivir, a esta raza de Poeta casi extinto, tendrán algún papel en esta era de los no ideales, de los no compromisos?
Descubrir o releer la poesía de Gustavo Valcárcel Velasco contribuye a enriquecer nuestras existencias tanto espiritual, estética como éticamente. Su obra vasta es trascendente. Desde Confín del tiempo y de la rosa (Premio Juegos Florales Universitarios 1947, UNMSM) donde sus fluidos versos puros sugieren imágenes y metáforas fecundas; pasando por la plaqueta Reflejos bajo el agua del sol pálido que alumbra a los muertos (Haraui n° 54, 1980), donde el drama existencial, el cuerpo enfermo solitario, el paso en un hospital el poeta lo siente como una temporada en el infierno; hasta libros como Pentagrama de Chile antifascista (1975) donde denuncia el inhumano golpe cruel de Pinochet. Aproximarnos a su obra puede darle un sentido a nuestro destino. La vida de GV fue "el llanto de todos los hombres de la tierra" (León Felipe), pero también fue un conmovedor abrazo a su patria para tentar transformarla. GV le cantó a la solidaridad, al colectivo humano, a la comunidad, a los pueblos. Postergó sus intereses personales a favor del prójimo, de los oprimidos, excluidos, marginados. Por ello su obra es vigente en tanto países como el nuestro siguen siendo desiguales, injustos, alienados. Y el amor le inspiró poemas notables como aquel antológico "Carta a Violeta", donde confluyen con fortuna lo personal, lo cotidiano y lo histórico.
Rosina Valcárcel (Hija)

V

Hay tardes en que el hombre desciende a la tristeza
se cae de tristeza y suele hablar muy quedo
sosteniendo su frente con manos de locura
y esperando otro golpe de la miseria humana.

Cuando al fin el planeta puede girar alegre,
con el triunfo del hombre que se llueve de amor,
ya no habrá más descensos, ni caídas ni golpes,
y la humana tristeza se hará polvo de flor.

Ser alegre es vivir un poco a la manera
de los niños dichosos que descubren la vida
en el gorrión y el cielo, cuando les damos gusto,
y en la mágica duda de sus muchos porqué.

Ser alegre es vivir besándote a hurtadillas
yendo y viniendo a besos sobre tus brazos libres;
creyéndome perdido en tu cabello un día,
sintiéndome encontrado entre tu vida siempre.

Ser alegre es mirar la justicia del mundo
reflejándose diáfana en tus ojos amados,
andar de cara al Sol, vivir en libertad,
escribiendo el poema inédito del hombre.

Cuando nace una rosa, en un beso volado,
van tus labios al punto de la alegría exacta,
y también con tu boca va la alegría en flor,
creando el color rosa de todo el universo.

Tú que sólo naciste de tanto que soñé,
tú que antes fuiste triste y eres hoy la alegría,
tú que si te desnudas con el invierno acabas,
tú no olvides jamás que el hombre será alegre.

Así, mía de siempre, vivamos sin tristezas
porque está la alegría haciéndonos esposos
y juntas nuestras rosas y nuestros nombres junta
como un alegre grito suspendido en el tiempo.

VI

Viernes, este es un día para escribir poemas,
partiendo desde el alba, a bordo de la vida,
temprano a fin de oír al lado de tus pasos
la música veloz que cabalga el rocío.

Este día es un día para escribir poemas
incluso en la cocina, entre verduras pálidas,
enfrente del gran ojo de algún sartén tiznado
y al lado de la olla que está hirviendo de amor.

Para escribir también que hoy día estás cosiendo
mis calcetines viejos, recorridos de mundo,
que estás blanqueando el cuello de mi alma de estudiante
o planchando una tarde que lucirá mañana.

Yo podría este viernes sollozar de vigilia,
pero no lo deseo, me opongo carnalmente,
prefiero recitar un poema en la cama,
mientras ahorramos besos para los nuevos viernes.

Haré un poema al plato de las mil papas fritas
me inspiraré en el alma devota de los panes
haré un libro completo que embriagará a las uvas
y que hará sonreír a la propia cebolla.

Y porque este es un día para escribir poemas
te digo tiernamente y seguiré diciendo:
tú serás un puñado de rosas en mi vida
y serás un puñado de versos en mi muerte.

X

Tras la noche está el alba, tras lo viejo lo nuevo,
en la semilla un árbol y un ser nuevo en la madre;
así mi amor hoy siembra tu poema final,
porque aquí callaré y quién sabe hasta cuándo.

Debo viajar al mundo a seguir otras luchas,
debo escribir del pobre que se muerde la frente,
urge dejar al niño un amor más extenso,
que te comprenda a ti y que comprenda al mundo.

Hoy debo despedirme de esta forma de hablar.
No, amor, no me arrepiento: lo bello quedará,
y si algo bello ha habido en todos estos versos,
si un verso vivirá, ese verso eres tú.

Hoy debo despedirme, mas no te pongas triste,
con el viento de mí seguiré yo besándote;
pasarán muchos años y en este libro tuyo
escucharás mi voz de amante que ha partido.

Como todo termina, mi corazón un día
dejará de latir. Sin embargo, estas páginas
dedicadas a ti proseguirán latiendo
cada vez que las leas y repases mi amor.

Adiós, no llores, piensa que cuando seas lirio,
mañana, nuestros hijos nos tendrán a su alcance
y hablarán con nosotros bajo las tardes bellas
al deshojar la brisa que en tu nombre escribí.

No importa que la lluvia nos borre contra el tiempo
y todo acabe en yerba, porque si un eco humano
recoge tus poemas terrestres que aquí acaban
dormiremos tranquilos, gozosos en la muerte.

Agradezco la deferencia de dedicarle un espacio a mi padre, pues pocos medios informativos lo recuerdan, ya que su vida estuvo llena de compromisos políticos, inicialmente con el APRA combativa desde 1939 hasta 1953 en que renunció irrevocablemente por razones de principio revolucionario (estuvo en el destierro desde 1951 hasta 1956) . En 1957, ya estando en Lima, se incorporó al Partido Comunista Peruano y prosiguió su lucha con el verbo y la pluma, combatiendo la injusticia, denunciando abusos, enfrentándose ideológicamente contra las corrientes de derecha. A pesar de que el Presidente Manuel Prado le ofreció la agregaduría cultural en la embajada de París, él no quiso comprometerse en lo más mínimo con el máximo exponente de la plutocracia nacional y con el carcelero (en su primer gobierno) de apristas y comunistas, incluyendo a mi propio padre. De esos nefastos tiempos de catacumbas surgió su novela "La Prisión" y una serie de poemas protesta. El APRA celebró la convivencia con Prado y el dictador Odría.

Valcárcel evoluciona de la poesía romántica (con la cual ganó el Premio Nacional y los Juegos Florales de San Marcos en 1947) a los versos combativos de "¡Cuba sí, yanquis no!" y sus elegías a los guerrilleros peruanos caídos en 1966. Políticamente también brinca del ostracismo caciquesco de Víctor Raúl a la visión dialéctica de un mundo nuevo para la humanidad, con un socialismo que permita a los más pobres disfrutar de las comodidades de las clase media y alta.

Yo recuerdo a mi padre, como un hombre combativo -cuando se lo proponía-. Se enfrascó en proyectos editoriales de difusión popular, antes de sacar con Scorza los conocidos "Populibros". Visitaba los colegios con enseñanza nocturna y daba créditos a los estudiantes para que pudieran leer a Vallejo, Mayacovsky, Shakespeare, Mariátegui, Gorki y otros títulos más. Lo acompañaban en ese periplo Alfonso Barrantes Lingán -quien fuera después Alcalde de Lima-. Luis Zapata -luego combativo guerrillero que entregó su vida, y otros amigos que aún viven.

Gustavo Valcárcel es más que poesía romántica, G. Valcárcel es combatiente literario que vio al Perú coronarse de gloria cuando derrotemos a la clase explotadora.

Esto es lo que puedo improvisarte en 10 minutos sobre mi padre.

Gracias y un fuerte abrazo.

Gustavo Valcárcel Carnero (Hijo)

GUSTAVO VALCÁRCEL (Arequipa, 1921 - Lima, 1992)

Carta a Violeta

A Ana María e Ignacio MAGALONI

Te escribo desde tu propio hogar
Ciudad de México, 19 de noviembre,
enfermo como estoy en nuestra cama vieja
sintiendo despeñárseme la sangre
en pos de ti, río inacabable.

Sobre la almohada, a mi lado,
tibio yace tu último sueño
ahora en cambio la ciudad acoge
tu vehemencia de ola, tu vigilia de amor,
recorriendo el pan nuestro
que hoy día te lo debemos todos.

Antes yo te escribía desde mi juventud
convertida en un gran reloj de cárcel
en romance de piedra, en pasto policial,
en tristeza y tristeza de mis ojos proscritos.
Incomunicado, entonces te escribía
desde una celda o cueva
donde tu nombre era lo único viviente.

Luego seguí escribiéndote
desde Antofagasta, frente al Mar Pacífico,
desde Puerto Barrios, frente al Mar Atlántico,
desde Oaxaca, frente al tiempo,
desde ti, frente al cielo, en la orilla del mundo.

Y aun cuando te miran mis hijos fijamente
me parece que son frases sus miradas
de un alfabeto que fui incapaz de escribir.

Después de tantos meses de silencio
sentí esta mañana el deseo de escribirte
de escribirte una cosa muy sencilla:
para tanto amor, hemos sufrido poco
para tanto amor, hemos hablado poco
para tanto amor, no hemos vivido nada.

Vivir – ¿me oyes? –, vivir un día nuevo
en el que nadie nos persiga
ni nadie nos embargue
ni se nos corte la luz por unos pesos
ni se nos acuse de extranjeros.
Vivir un día nuevo
en que trabajemos sin lágrimas ni odios
pudiendo sentirnos camaradas de todos
y en el que por fin nos sea devuelto
el Perú de tus entrañas, nuestro Perú del llanto

Vivir –¿me oyes?–, vivir un día nuevo
en el que la verguenza no nos astille el ojo
como cuando se enteran nuestros hijos
de esta paternal orfandad de dos monedas.

Vivir un día nuevo. Un día, en suma,
en el que podamos cantar todos los hombres
después de sentarnos en la yerba
a jugar a la comidita
–como dice nuestra hija–
sin que a nadie le falte que comer.

Sobre esta nueva vida deseaba escribirte
ahora que marchaste temprano a rescatar
nuestros libros del camarada Lenin
nuestros cuadros de Flores y Gutiérrez
y tu reloj y mi reloj embargados por los mercaderes.

Desde la calle me llega
el gorjeo de nuestros pequeños peregrinos
la sinfonía de la clase obrera
el clamor del mundo.
Estoy enfermo, solo, y este quinto piso
parece un subterráneo sin ustedes.

¿No demorarás?
Sobre la almohada, a mi lado,
tibio yace tu último sueño.
Encargo a mis versos una rosa para él
pero hasta la flor de la palabra
cuando quedo solo
no puede olvidar la espina
del tiempo que sufrí.

Ven pronto, cielo junto al cielo,
surca calles, vuelas plazas,
sube corriendo los pisos de nuestra altísima pobreza.
Aquí te espero, en esta cama vieja,
que tanto tiene de mí,
de tus sueños cercanos, de tus cartas lejanas,
de nuestros desvelos por los compañeros
los presos del Perú y el mundo
los perseguidos del Perú y el mundo
los explotados del Perú y el mundo.

Ven pronto, estrella y mar, música terrestre
aquí te espero y mientras llegas
empezaré a amar el porvenir
hecho luz entre tus ojos
pan en las manos de los niños
leche en tus senos, ala en tu voz,
verso en tu cuerpo, rayo en tus labios
eternidad en tu grito de gran madre
rosa roja en tu pasión de comunista
y alba en todo lo tuyo que me estoy llevando al sueño.

Escribiéndote duermo, camarada,
seguro de que, al despertarme, juntos
gozaremos el resto de la lucha
tomados de la mano hasta que caiga yo
hasta que quepan mis huesos en la tierra nuestra
hasta que mi sangre se despeñe en ti
río inacabable, vida, vida . . .

Tags Blogalaxia :