miércoles, 13 de agosto de 2008

Una Canción sin Permiso


“Manifiesto” y “Africana” fueron los 2 primeros poemas que escribí.

Recuerdo que a los 13 años, una tarde en mi casa escuchando música romántica después del colegio, me vino unas ganas ubérrimas, una suerte de posesión, rapto, arrebato y sin explicación alguna de un zarpazo me levante de mi sillón y al compás de las baladas en ingles mas cursis que ha dado la historia de la música anglosajona, me puse a improvisar versos, a hablar versos, como si alguien me los estuviera dictando, recitaba y recitaba de paporreta. Duro como 15 minutos el trance.

De ahí la poesía no me volvió a visitar hasta los 17 años, pero ya de un modo mas conciente, a través de un amigo Poeta y Dramaturgo que me alcanzo el primer libro de poemas : Antología Poética de Mario Benedetti.

¿Como fue este segundo encuentro con la poesía?...como siempre decía Cesar Vilchez este compañero, y primer maestro que menciono y que me inicio en la Literatura (al cual le dedico el verso “Soldado Derrotado” que figura en una conocida muestra de poetas del 2000), “hay libros que al abrirlos, en ese solo acto físico de tomar y abrir ese encolado de papeles, es como si un ventarrón saliera de el y te soplara en la cara, en toda tu existencia”. Así me enamore de Benedetti, y empecé a balbucear una que otra cosa, en uno que otro cuaderno.

Luego vinieron los viajes, y mas cuadernos, aunque debo confesar como lo reconozco en ”Africana”, soy un Poeta sin Poemas, me pongo a escribir cada vez que muere un cura, ahora mismo tengo casi un año de no escribir poesía, y en mi primera juventud no era diferente.

“Manifiesto” y “Africana”, en un principio eran un solo texto que a mis 21 años lo había intitulado “Caracas, Hora Cero”, luego fue mutando en Colombia, hasta llegar a lima conmigo en el año de 1998, y alcanzar su estructura final en el 2001, dando pie al nacimiento de los 2 poemas que son ahora y que fueron publicados primero en una Plaqueta Artesanal (fotocopias) de las cuales habré distribuido unos 500 ejemplares y después en otra Plaquette realizada en imprenta “Una Canción sin Permiso”, con ilustraciones de un Pintor importante radicado en Colombia y que es mi primo además (Pedro Alonso Amaya), Plaquette que edite en numero de 1,000 ejemplares y de los cuales no me quedo uno solo, ni siquiera para mi archivo. (El único que tengo es uno que le “pericompre” a un amigo del barrio)

Ea pues mis primeros poemas, “Africana” un poema de amor dedicado a una Caraqueña que se llamaba Argelia, y como el mío era un querer platónico, escribí el titulo del poema en clave para que no se enterara….Argelia = País del Continente Africano = Africana.

Y “Manifiesto”, una oración, una acción de gracias, un acto de fe, poema que me ha acompañado en tantas Plazas Publicas y Colegios, y con el cual se dieron esas felices coincidencias y que son para mi las únicas y mas importantes condecoraciones que me llevare quizás de este enorme Valle de Lagrimas….Poema que me emociono al escribirlo, me emociona al recitarlo y por obra de los dioses de la poesía, emociona a algunas personas el escucharlo.


AFRICANA

Hoy me he puesto nuevamente mi vieja capa
le enciendo un cigarrillo a la luna y salgo a caminar
la soledad y sus bestias me acompañan
afuera la lluvia te nombra a gritos
la noche es una sábana negra
que me cubre
me sepulta

Es la hora en que los ángeles caen
cadera a cadera otro vallenato berraco
y yo también me dejo caer
en la soledad de otros cuerpos
enterrándome la piel

Yo que fui marinero de tierra
marinero de aire
marinero de mar
y en tu cuerpo no pude navegar

Ahora sólo me queda seguir
juntando palabras poeta sin poemas
sólo en medio de este aguacero
sin una piedra en la que sentarme
sin un templo en qué guarecerme
sólo con mis restos del naufragio
en la orilla de otra madrugada
colgando del humo de un cigarrillo
que ésta noche no te fumarás conmigo





MANIFIESTO

Hoy no quiero estar al borde del camino
no quiero seguir bailando solo en la vereda
pálida luna baila conmigo
persiguiendo voy el rastro luminoso de tu cabellera

A veces pienso que nada de esto ha valido la pena
que tanto viaje de ida y venida
no me ha dejado otra cosa que fatiga
que es cierto lo de que cada hombre
se debe a un solo lugar
que tuve lumbre y vino pero no tuve un hogar
y que tu sudor atlántico y mi sudor pacífico
son océanos que no se volverán a juntar

A veces como hoy la tarde no es más
que un hombre solo
aferrado a la mesa de una habitación
con ventanas a ninguna parte
un hombre solo que no sabe otra cosa
que juntar papeles

Hoy no quiero estar al borde del camino
no quiero seguir bailando solo en la vereda
pálida luna, baila conmigo
persiguiendo voy el rastro luminoso de tu cabellera

Entonces es cuando necesito luz
luz de música para respirar
luz de música para continuar
y te digo
que aún en el crepúsculo de la mañana
viene a golpear a mi ventana
y me convida a salir
a salir de mí
a salir con la gaviota de tus cejas
salir a nombrarte en otros idiomas
a incendiar tu cabellera en otros crepúsculos
a esperarte detrás de otras lluvias

Y solo soy un pájaro sencillo
que encuentra el camino a su estación
y me decido a escribirte
bajo este cielo plomizo de lima
donde sin embargo, aún me despierta la voz de mi madre
y me saludan casi todos mis vecinos
y tengo una taza de café para ver llover
una canción para encender como una lámpara
una mesa para clavar los codos todas las mañanas
un cuaderno donde aún peleo con las palabras
y el blanco de ésta página niña
por si te veo aparecer
en la cuesta de mi calle
para verte florecer