lunes, 11 de agosto de 2008

Entre Plebeyos y Rebeldes

Que Felipe Pinglo Alva es el más importante compositor de música costeña peruana de todos los tiempos, es algo pregonado desde siempre y por los más reconocidos intérpretes; como si fuera poco, su obra más emblemática es El plebeyo, un vals compuesto en 1932 y que pinta de cuerpo entero su emoción social. Quienes piensan que Pinglo tuvo la idea de cantarle al amor en abstracto, a las mareas de junio, a las rosas frente al mar o a la gracia de las muchachas, es como maquillar el propósito del poema para desvirtuarlo ya que se constituye en un testigo de las grandes desigualdades en verdaderos tiempos de cambio.

"La noche cubre ya con su negro crespón,de la ciudad las calles, que cruza la gente,con pausada acción.
La luz artificial, con débil proyección,propicia la penumbra,que esconde en su sombra,venganza y traición.
Después de laborar, vuelve a su humilde hogar,Luis Enrique, el plebeyo, el hijo del pueblo,el hombre que supo amar, y que sufriendo está,esa infamante ley, de amar a una aristócrata,siendo plebeyo él.
Trémulo de emoción, dice así en su canción:al amor siendo humano, tiene algo de divino,amar no es un delito, porque hasta Dios amó.
Y si el cariño es puro y el deseo es sincero,¿por qué robar me quieren la fe del corazón?Mi sangre, aunque plebeya, también tiñe de rojo,el alma en que se anida mi incomparable amor.
Ella de noble cuna, y yo humilde plebeyo,no es distinta la sangre, ni es otro el corazón;Señor, ¿por qué los seres no son de igual valor? "
Que El Plebeyo sea el tejedor de canastas Luis Enrique Rivas o el propio Pinglo decepcionado del amor, quedará en la polémica; no obstante, las enormes contradicciones en el seno de la sociedad limeña hace que el bardo apunte sobre la diferencia social sin detenerse en las causas que la generan; de hecho advierte que hasta el amor tiene condicionamientos de corte clasista.
Pinglo no aludía a un menesteroso sino a un proletario. El plebeyo no tiene parientes con abolengo y calificarlo como “...el hijo del pueblo no buscaba suavizar la realidad sino remarcar la extracción social de quien laboraba de sol a sol y sufre esta infamante ley...” impuesta por el sistema.
“… mi sangre aunque plebeya también tiñe de rojo reclama Pinglo la igualdad en el amor, porque para él los pobres tenían derecho a amar, aspiración humana que abriría una grieta más de rebeldía en el Perú oligárquico de entonces.
El emplazamiento: Señor, por qué los seres / no son de igual valor”; y la formulación utópica: amar no es un delito / porque hasta Dios amó”, son una herejía que atenta contra el dogma religioso. El bardo refleja una concepción enraizada en el subconsciente colectivo, fruto de la interpretación extra teológica del Dios cristiano y de un Dios humanizado por el imaginario popular.
Mención aparte resulta el análisis de la segunda estrofa que, en muy pocas ocasiones, se interpreta y que reivindica su carácter combativo y de insubordinación hacia el orden imperante:

Así en duelo mortal, abolengo y pasión,en silenciosa lucha condenarnos suelen,a grande dolor, al ver que un querer,porque plebeyo es, delinque si pretende,la enguantada mano de fina mujer.
El corazón que ve destruido su ideal,reacciona y refleja en franca rebeldía,que cambia su humilde faz;el plebeyo de ayer es el rebelde de hoy,que por doquier pregona la igualdad en el amor.
Como fuera, la resignación queda atrás y da paso a la acción: «...el plebeyo de ayer es el rebelde de hoy / que por doquier pregona la igualdad en el amor...» La rebeldía implica una seria contradicción y Pinglo lo sabía. Es evidente que «... el plebeyo de ayer es el rebelde de hoy...» no será jamás un mensaje de defensa de un modelo deshumanizante. Demás está decir que un verdadero rebelde, es un ser positivo y necesario, no solo en el amor sino también cualquier otro campo de la vida.
Vale la pena formulamos una interrogante: ¿No será que Luis Enrique se revela ante el hecho de que las desigualdades fueron creadas por el propio hombre ya que ante Dios todos son iguales? Pinglo no sólo se rebela contra la normativa social, sino también contra su interiorización que impide al personaje atreverse a expresar su amor, por lo que necesita un trovador que cante su rebeldía frente al orden social instalado en la conciencia del plebeyo.
Finalmente, Felipe Pinglo muere en 1936 y es recién el 23 de julio de 1943 cuando el conjunto «Los Trovadores del Perú», integrado por Javier González, Oswaldo Campos y Miguel Paz, graban el vals por primera vez, en Argentina. Nada hace dudar que plebeyos hay y seguirán habiendo, aunque rebeldes como Luis Enrique y Pinglo se hacen extrañar.
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Ernesto Toledo Brückmann (Lima 1974) periodista peruano, egresado de la Escuela de Periodismo Bausate y Meza en 1999. ha escrito los libros: “Hasta Cuándo: la prensa peruana en el fin del fujimorato”, “Síntesis histórica y clasista de las comunicaciones en el Perú” y “Retablos de Ayacucho: testimonio de violencia” y “Felipe de los pobres: vida y obra en tiempos de luchas y cambios sociales”
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